Shesha, Shosha, Shusha y otros hipocorísticos de Pallasca
Esta ponencia muestra los hipocorísticos de Pallasca en los que a algunos sonidos y procesos fonéticos-fonológicos, característicos del castellano, se suman otros procedentes de las lenguas prehispanas: quechua y culle, usadas en la zona hasta un poco después de la llegada de los españoles.
En castellano, aparte del acortamiento de palabras y la simplificación silábica, procesos comunes en los hipocorísticos, destacan la armonía consonántica y la palatalización de ciertos sonidos: [ri] à [y], [gl] à [y], [ni] à [ñ], etc.
Como calco quechua, a los procesos comunes anteriores, se añaden la palatalización del sonido lateral: [l] à [λ] y también el morfema -cha al final de palabra.
Como rezago de la lengua culle y agregado a los procesos ya conocidos en el castellano, se advierte la presencia del sonido africado sibilante sonoro [dz].
Una característica particular que se rezuma en estos hipocorísticos es la palatalización del sonido sibilante: [s] à [š] y, a veces, la adición del mismo sonido palatal sibilante:
-š al final de la palabra, características tentativamente atribuidas al culle.







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Un comentario sobre el habla pallasquina:
Muchas palabras tienen su fuente en el quechua (“huasharimo”, por ejemplo) y otras es posible que se hayan originado en el culli, que fue el idioma hablado en nuestra región antes de la llegada de incas y españoles. No existe una representación escrita de dicha lengua, ya extinguida, por lo que aquí nos hemos atrevido a una más o menos razonable aproximación: “Conshyam”, por ejemplo.
El habla pallasquina presenta algunas particularidades que queremos mencionar. A diferencia del diminutivo empleado en las regiones centro y sur del Perú, que se forma con el sufijo “cha”, en la zona de Pallasca (y, tenemos entendido, toda la extensión que abarca la sierra de los departamentos de La Libertad y Cajamarca y parte de Amazonas) se genera con el sufijo “asho”, “asha”: “cholasho”, “niñasha”. El sonido que representamos con el dígrafo “sh” se usa asimismo para darles una forma afectiva a los nombres: César, “Shesha”; Santiago, “Shanti”; Rosa, “Rosha”; también, con similar propósito, se da la sustitución de la “r” por la “y”: Medardo, “Medaydo”; Bernardo, “Beynaydo”. Otra particularidad notable es la tendencia a la “economía expresiva” mediante la contracción gramatical de un verbo y el pronombre “usted” que en tal circunstancia pierde dos sonidos (“u” y “d”): diga usted, “dígaste”, venga usted, “véngaste”. Una contracción igualmente peculiar se da en “pasumañana”, que es el “pasado mañana” en que el verbo “pasado” se convierte en “pasu”); también se contraen el verbo “voy” y la preposición “a”: voy a trabajar, “voa trabajar”. En algunos verbos conjugados en primera persona plural su pronunciación que normalmente es grave o llana, pasa a ser esdrújula: no vayamos a equivocarnos, “no váyamos a equivocarnos”; nos dijo que vengamos, “nos dijo que véngamos”. No se suele hacer la distinción -femenino, masculino- en el uso del dativo que precede o va como sufijo en determinados verbos; indistintamente se usa el “lo”: “señora, me alegra saludarlo”; “la vaca lo llevaré al corral”). La pronunciación de los verbos conjugados en participio pasado cuya terminación es “ado” (llegado, trabajado, cansado…) tiende a eliminar la consonante “d”: llegao, trabajao, cansao; pudiendo la “o” acercarse a la “u”. Las formas “aquicito”, “allacito”, no forman parte del habla pallasquina o, por lo menos, no son comunes. Tampoco es característica del habla pallasquina el seseo al final de las palabras (amors, ayers).
No todos en Pallasca hablan poniendo de manifiesto las características o particularidades expresivas que aquí se presentan, pero sí la mayoría.
Remito a la siguiente dirección: "www.angelfire.com/al4/alvarezbr/DICS"; allí encontrarán una compilación del habla pallasquina.